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La Deflagración
Cristal
Cristales Arcanos de Quel'Thalas

Año

27, 28 y 29

Ubicación

Todo Azeroth

Razas

Todas

La Deflagración fue el suceso por el cual tras la destrucción del Trono Helado las líneas ley comenzaron a cargarse de energía y luego a desvanecerse, dejando el mundo prácticamente sin magia y conllevando una serie de sucesos que marcaron del todo un antes y un después en el mundo de Azeroth.

El punto débil de Arthas

El ataque al Rey Exánime estaba bien planteado, el Veredicto Cinéreo debería encargarse de ocuparse de Arthas mientras las tropas de la Alianza y la Horda, lideradas por Jaina Proudmore y Sylvannas Windrunner respectivamente, aplastaban las defensas de las Salas Gélidas.

Ya dentro de la estructura, ambas líderes encontraron que Arthas había dejado la Frostmourne en el interior de las  Salas de la Reflexión y ambas intentaron ponerse en contacto con los espíritus encerrados en la espada a fin de encontrar el punto débil del Rey Exánime. El espíritu de Uther el Iluminado apareció para
Frostmourne by cesar11

Arthas con la Frostmourne

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rles de que Arthas podría ver todo lo que la espada misma viera, y que la única forma de derrotarlo era arrebatarle el poder en el mismo lugar en el que le fue dado, en lo más alto del Trono de Hielo. También les dijo que alguien debería ocupar su lugar o en caso contrario el Azote caería en locura y destruiría Azeroth.

Es entonces cuando Arthas se presentó en la sala haciendo desaparecer la imagen de Uther de vuelta a Frostmourne. Tras llamar a sus leales capitanes Falric y Marwyn para que se encargaran de los visitantes, abandonó la cámara seguido de Sylvanas y Jaina. Una vez que los aventureros derrotaron a sus dos esbirros, sus respectivos líderes incapaces de herir al Rey Exánime dieron la orden de retirada, escapando a bordo de sus respectivas naves voladoras.

La caída del Rey Exánime

En la ciudadela del hielo se estaba desatando una batalla épica. Los campeones del Torneo Argenta se encontraban luchando contra los esbirros del Rey Exánime y, liderados por Tirion Fordring, habían derrotado a los más poderosos. Arthas había atrapado a Tirion en un bloque de hielo, en lo alto del pináculo y lo estaba obligando a ver la cruenta batalla.

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Tirion con la Ashbribger

Arthas confesó a Tirion que su intención pricipal había sido esa desde el principio, la de mantener a los guerreros más grandes de todo Azeroth en la ciudadela, para verlos luchar, matarlos y levantarlos a su servicio. Con un gesto los mató a todos y comenzó el conjuro para levantarlos, pero Tirion consiguió convocar a la Luz Sagrada y liberarse de su prisión. Con la Ashbringer en las manos consiguió destrozar a la Frostmourne y liberar los espíritus que la espada del Rey Exánime encerraba.

Los espíritus de que habían estado encarcelados en la Frostmourne, incluídos el de su padre, el Rey Terenas Menethil, suspedieron a Arthas en el aire y revivieron a los guerreros de Tirion, quienes acabaron con el Rey Exánime en una batalla sangrienta.

Cuando Arthas cayó, el espíritu de su padre lo acunó hasta su último suspiro, y luego, con lágrimas en los ojos se acercó a Tirion para recordarle las palabras de Uther en la Sala de Reflexión. Siempre debería haber un Rey Exánime.

La destrucción del Trono de Hielo

Tirion tenía intención de safricarse y convertirse en el nuevo Rey Exánime a fin de que la plaga estuviera controlada y dejara de causar males, pero Bolvar Fordragon lo detuvo. Estaba sentado en el trono de hielo, y casi no podía mantenerse en pie. Habiá sido torturado y quemado con el fuego de los dragones y decía no pertenecer ya al mundo de los vivos. Decidió que cumpliría con el cometido de ser el Rey Exánime.

Frozen throne by Puffmix

Trono de Hielo

Tirion puso la corona en las manos de Bolvar a fin de que él mismo se la pusiera en la cabeza, pero antes de que este lo hiciera un gruñido resonó por toda la ciudadela. Uno de los campeones del Torneo Argenta, el mago de batalla Falyg gritó de forma desgarradora y tomó una forma que dejó a todos los presentes con la sangre helada. Falyg era uno de los hijos de Malygos, un dragón del vuelo azul.

El dragón, mucho más rápido de lo que nadie imaginaba, usó todo su poder para destruir el Trono de Hielo y a Bolvar, quien aún no había llegado a ponerse el casco. El trono explosionó, dejando un gran agujero en el lugar donde antes estaba.

Tirion, quien se había protegido de la explosión con el cuerpo del dragón, le preguntó por qué lo había hecho. La respuesta de Falyg fue: "He cumplido el cometido de mi padre". Los guerreros del torneo que aún quedaban vivos asesinaron al dragón en respuesta.

La era de los hechiceros

Por alguna extra razón la ubicación exacta del Trono de Hielo tenía algún tipo poder extraño, y su destrucción tuvo consecuencias graves en el tejido mágico del mundo. Las líneas ley comenzaron a hincharse y a adquirir poder lo que causó la llamada era de los hechiceros.

Durante dos meses las personas sin conocimientos de magia comenzaron a tener descuidos típicos de los hechiceros, y la cantidad de magos que se unieron a las escuelas a fin de aprender a controlarlo rebasó lo nunca visto. La facilidad que tenían tanto magos como hechiceros alcanzó el cúlmen de la perfección y la Revolución Mágica hizo avanzar mucho en las artes arcanas. Aunque algunas culturas rechazaron ese uso de magia, la gran mayoría se acostumbró a ella.

El conjuro de los Archiarcanos

En la era de los hechiceros las líneas ley habían cambiado de lugar y eso conllevó que la magia rúnica quedara inutilizable. Aunque pronto se comenzó a estudiar los nuevos mapas de las líneas, los cuales eran misteriosamente inestables, la mayoría de los magos evitaron la magia rúnica y se centraron en la conjuración.

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Cristal Arcano de la cúpula

Las magister sin'dorei comenzaron a preocuparse, pues el movimiento de las líneas, aunque era muy lento podría conllevar la caída de la Fuente del Sol que se encontraba en el lugar donde muchas de esas líneas se entrecruzaban. Gracias al gran avance mágico que trajo la era de los hechiceros, consiguieron construir una cúpula mágica que evitaba el movimiento de las líneas. Para ello, encantaron una cantidad enorme de cristales (de forma muy parecida a cuando lo hicieron con los cristales de magia fel) para mantener el conjuro que obligaba a las líneas ley a responder, y que por tanto les impedían moverse. Para ello se creó la figura del Archiarcano.

Los archiarcanos eran los supervisores encargados de que el conjuro de la cúpula permaneciese siempre activo, algunos de ellos se veían en ocasiones obligados a introducirse en la cúpula mágica para mantener el hechizo ellos mismos mientras se reparaban los cristales.

La figura del archiarcano era fruto de una devoción casi religiosa, pues a ellos se debía la gran estabilidad mágica de la que gozó Quel'Thalas durante esos dos meses. El reino fue creciendo como una potencia mágica capaz de hacer frente a la mismísima Dalaran.

La disolución de las líneas ley: Los Tres Días

Durante tres días, la tierra gimió eventualmente con un sonido que los druidas llamaron "El Gemido de la Madre Tierra". Y en los tres días subsiguientes a este quejido, las líneas ley comenzaron a vaciarse de forma muy rápida. Los magos vieron, en tan sólo setenta y dos horas, su poder muy menguado y la mayoría de los magos que surgieron en la era de los hechieros perdieron su poder a una velocidad imparable.

Algunos lanzadores de hechizos aún eran capaces de conjurar hechizos básicos, pero otros se vieron con la pérdida total de su poder incluso después de años de estudio. El crecimiento que en general había tenido Azeroth, así como las revoluciones mágicas se vieron paradas. Los árboles comenzaron a marchitarse y se empezaron a desarrollar algunos desastres naturales.

Los druidas del Círculo Cenarion comenzaron a investigar lo sucedido.

La caída de Dalaran

En el primero de los tres días que siguieron al Gemido de la Madre Tierra, Dalaran comenzó a sufrir los efectos de la pérdida de magia de las líneas ley. Desde las primeras horas empezó a caer, y gracias a la actuación de los archimagos pudieron mantenerla flotando durante treinta y seis horas más. 

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Dalaran flotante.

Los archimagos del Kirin Tor intentaron conjurar portales hacia una zona más segura. Lamentablemente carecían de poder suficiente para conjurar éstos mientras mantenían la ciudad a flote y la única forma era unir la energía de varios magos. Podrían conjurar sólo un portal que fuese lo bastante estable para permitir el paso de gran parte de los ciudadanos, aunque el destino no era muy esperanzador para algunos. El portal llevaría a Quel'Thalas, para lo cual aprovecharon el poder de la Fuente del Sol misma y las líneas ley que se entrecruzaban en su ubicación. El decaimiento de la magia rúnica y el hecho de que los elfos de sangre centraban su poder en mantener la cúpula activa había mermado las defensas mágicas, y el Kirin Tor supo aprovechar esa oportunidad.

Con un orden que se estableció por los veteranos del Kirin Tor, en el que primero debían cruzar los archimagos más poderosos y después el resto, a fin de asegurarse que los magos con más conocimientos tuvieran la oportunidad de estudiar la tragedia. Después de la entrada del Kirin Tor por el portal la ciudad se sumió en el caos y comenzó a caer. El portal fue atravesado por centenares de personas a la vez en un sálvese quien pueda.

Dalaran cayó sobre el suelo y se convirtió en ruínas tan sólo una hora después, el 80% de la población de la mágica ciudad murió el la catástrofe o quedó gravemente herido. Algunos de los supervivientes a la caída mutaron tiempo después debido a las energías retorcidas que manaban de algunos artefactos arcanos corruptos que estaban entre los escombros.

La explosión de la Fuente del Sol

La cúpula era un hechizo muy poderoso, magnificado por un centenar de enormes cristales de magia arcana que lo mantenían activo. Su prinicipal función era la de extraer energía de las lineas ley para evitar que estas se movieran. Eso, daba además al reino élfico la magia arcana suficiente para poder conjurar sin que les afectase demasiado la situación mágica actual.

Durante esos días fueron los elfos de sangre los únicos que no sintieron la decaída de las líneas ley, pues mantenían las suyas bien sujetas. Lamentablemente, no contaban con varios centenares de magos cruzando por un portal mágico abierto dentro de la cúpula misma, muy cerca de la fuente del sol.

Sunwell Blood elves

La fuente del sol

Los supervivientes de Dalaran cruzaron el portal en tropel y se dirigieron a la cúpula aterrados. Dalaran caía mientras ellos lo hacían, pero en la cúpula no había espacio para tantos. Sumidos en el caos, los miembros de Dalaran arrasaron todo a su paso intentando salvarse a sí mismos y varios de los cristales más grandes que sostenían la cúpula cayeron hechos trizas. Otros magos se dedicaron a tomar muestras de la Fuente del Sol, y el reino de Quel'Thalas se sumió en el caos.

La caída de algunos cristales de la cúpula disolvió el hechizo, y las líneas ley de Quel'Thalas se comenzaron a disolver más rápido aún que las del resto del mundo, aguantando aún los resquicios de la cúpula y el inmenso portal que los miembros del Kirin'Tor habían creado. La Fuente, casi sin agua ni poder, debido al maltrato que los supervivientes de Dalaran le habían dado en la caótica huída, explotó llevándose por delante al 50% de los Supervivientes de Dalaran y a otro tanto de los elfos de sangre.

La fuente del sol cayó y las líneas ley de Quel'Thalas desaparecieron completamente. La necesidad de magia cayó por igual entre los supervivientes de Dalaran y los Elfos de sangre, pero al estar los elfos más habituados a la magia, y pudiendo controlar peor la necesidad, dio eso un margen de tiempo lo suficientemente largo para que algunos de los supervivientes de Dalaran aprovecharan la confusión para huir de la ciudad élfica que ahora se encontraba en un caos de destrucción. El resto murió a manos de los elfos de sangre, eloquecidos y en búsqueda de venganza.

Las torres flotantes, así como gran parte del arsenal mágico de Quel'Thalas cayó en el suelo, llevando una parte del reino a la desidia. Los elfos no podían creer que esto volviera a estar pasando.

El Eclipse del Sol Negro

Artículo Principal: Eclipse del Sol Negro

Durante los tres días subsiguientes al Gemido de la Madre Tierra un suceso sobrenatural aconteció sobre los cielos de Azeroth; El Eclipse del Sol Negro, 30 horas; dos noches y un día en las cuales la mitad Sur del mapa quedó sumido bajo la más profunda oscuridad.

Justo a las 12 de la noche del tercer día, la Dama de Plata se tiñó de un violáceo espectral hasta quedar totalmente oscurecida mientras el brillo de la Pequeña Azul se esfumaba entre las sombras de nubes negras Durante las seis horas en que la Luna Violeta surcó los cielos se registraron en todas las poblaciones, sin excepción alguna, un inmenso numero de pesadillas e incluso la muerte del pueblo débil; enfermos, ancianos y niños que no lograron despertar.

En casi todos los pueblos humanos, la gente se vio congregada hacia las capillas e iglesias de la Santa Luz. En Ventormenta, la Catedral recibió un inmenso número de masas que buscaba refugio ante la desesperanza y la paranoia sobre el final del mundo.

Sol Negro
Todos esperaban un amanecer que jamás llegó. En lugar de la radiante aura del alba, una luz violácea y mortecina perforó las nubes, azotando las tierras con un viento tan gélido como si lo soplase el corazón del invierno. Y cuando el Sol Negro se alzó desde el horizonte fue cuando todos los horrores de la noche se hicieron realidad.

Las almas de aquellos que habían muerto al anochecer despertaron atormentadas bajo la forma de Geists, espectros llenos de la demencia de las pesadillas y sed de almas. De entre los jirones de la impenetrable oscuridad, las mismas sombras comenzaron a tomar forma; seres retorcidos, Horrores Nocturnos. De los Cementerios, ejércitos de Necrófagos se alzaron.

Un día entero y una noche duró esta lucha en contra de los horrores del Sol Negro; Los Paladines y Sacerdotes de la Inquisición fueron los protagonistas al encabezar la lucha organizada y diezmar los horrores, guiando la esperanza del pueblo.

Antes del siguiente amanecer, muchos magos encontraron la muerte a manos de la implacable intolerancia predicada por la Inquisición, a quienes culpaban por todo lo ocurrido. En La Torre Arcana de Ventormenta se alzó una inmensa pira, donde el Archimago Andromath, entre otros varios, fueron quemados vivos.

Al llegar el amanecer los horrores provocados por el Sol Negro se esfumaron junto a la oscuridad, los geists se disiparon en el aire mientras los Necrófagos volvieron a encontrarse inertes.

La era de los buscadores

La situación desesperada de los magos de Quel'Thalas y los supervivientes de Dalaran, quienes se encontraban en una guerra no declarada, pero quienes se culpaban unos a otros de la destrucción de ambas ciudades mágicas, cambió radicalmente su forma de vida.

Aún siendo dos facciones hostiles entre sí, ambas tuvieron un desarrollo muy parecido tras la catástrofe. Los magos, necesitados del poder arcano y viéndose en una situación en la que algunos no podían ni conjurar sus hechizos más sencillos, y sólo los más poderosos conseguían algo realmente útil con la magia, acabaron volviéndose rastreros buscadores de magia.

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Buscador Orco

La figura del buscador surgió muy poco tiempo después de la caída de ambas ciudades y se fue extendiendo por todo Azeroth rápidamente. Los buscadores eran magos, ahora despojados de su poder, o simplemente comerciantes, que aceptaban los peligros de embarcarse en las ruínas de ambas magnociudades, enfrentándose a horrores tales como antiguos magos enloquecidos por la necesidad o animales mutados por los critales y restos, para buscar los preciados y ya muy escasos cristales y artefactos mágicos.

Los cristales calmaban al instante la necesidad de magia de quien los tuviera y permitían incluso, realizar conjuros si el mago estaba capacitado para ello. Por consiguiente eran muy caros, muy escasos y sólo estaban al alcance de algunos avispados buscadores y de unos muy ricos magos.

La senda del buscador era peligrosa, bien pagada e ilegal, pues las ordenes de todos los reinos para quienes encontraran esos artefactos era la de entregarlos para el bien común de la ciudadanía. Eso hacía que la mercadería de estos artilugios fuera extradamente compleja y peligrosa, además de ilegal. Los magos que contenían cristales o artefactos, además, no podían mostrarlos publicamente, y los cazadores eran buscados por las patruyas urbanas, aunque éstas no se acercaban a las ruínas por su peligrosidad.

En los bajos fondos existían algunos buscadores, los cuales eran considerados de la más baja escoria, aún así hubiesen sido altos nobles. Nadie se fiaba de ningún buscador, pues no quería poner su cuello en la bandeja de los dirigentes de los reinos.

El Claustro de la Llamada

Los clanes Barbabronce y Martillosalvaje enanos comenzaron a asustarse. Poco quedaba ya del clan Hierro Negro que había sufrido muchísimo debido a que, según los informantes, la magia rúnica había dejado de funcionar y el emperador había sido asesinado.

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Gigante de la montaña

El caos se adueñó de los hermanos oscuros de los enanos del Reino de Forjaz y de Pico Nidal, y estos comenzaron a temer que pasara lo mismo con ellos. De esa forma comenzaron a entablar las negociaciones para enviar un Clan de Élite, que sería conocido como El Claustro de la Llamada, formado por los más prometedores chamanes Martillosalvaje y los mejores guerreros Barbabronce.

El clan tenía un cometido claro que ambas partes habían escrito y firmado en dos moles de roca que llevaron a las respectivas ciudades enanas. Los chamanes Wildhammer debían viajar a las montañas y entablar una relacción con los siempre distantes y poco sociales Gigantes y debían encontrar la forma de traer al nuevamente a los Titanes para pedirles que repararan el mundo.

Los Gigantes de la Montaña eran una raza casi desconocida físicamente muy similar a los vrykul de Rasganorte que había entablado una relacción cordial, neutral y muy distante con algunos de los miembros de la Liga de Expedicionarios cuando éstos buscaban toda la información que fuera posible recabar sobre su pasado. Los Gigantes hablaban un idioma muy parecido al enánico y no les costó hacerse entender debido a que el idioma tenía las mismas raíces. Sin embargo, los enanos se encontraron con unos colosales seres que no eran amigos de las sociedades y que dificilmente solían hablar. También vieron en ellos unos seres muy sabios, cuyo chamanismo era mucho más avanzado que el del resto de las civilizaciones y unos aliados fieles y poderosos. Aunque los gigantes hablaban poco, los enanos pudieron darse cuenta de que ambas razas tenían mucho en común.

Prácticamente todos los gigantes tenían poderes chamánicos y contacto con los espíritus ancestrales y naturales y lo que ellos llamaban chamanes no eran sino gigantes casi divinos, cuyo poder no tenía semejanza con ningún otro chamán visto en Azeroth.

Los gigantes eran seres muy pacíficos por lo general, pero no toleraban bien las incursiones en sus dominios, pues no tenían forma de saber qué intenciones tenían los visitantes. La única forma de que su sociedad hubiera permanecido intacta era la autoreclusión a la que ellos mismos se habían dado. A los enanos les costó mucho que los aceptasen en sus montañas y fueron los chamanes los únicos que pudieron conseguir tan ardua tarea.

Los gigantes sabían tanto sobre los Titanes que había dibujos de ellos por todas las montañas, así como guardaban con un celo terrorífico un sinfín de reliquias. El Claustro comenzó a pensar que los gigantes eran inmortales a la edad y que algunos de ellos hasta recordaban a los titanes. Sería difícil sonsacar algo a los enormes seres, pero en ellos estaba la respuesta.

La misión de los Aspectos

El mundo empezaba a decaer. La falta de magia cambió el color del cielo, haciéndolo algo más oscuro tras el Eclipse del Sol Negro. La locura alcanzó a los débiles de mente y los árboles comenzaron a decrecer, dejando caer sus ramas. Los druidas comenzaron a precuparse porque el mundo parecía estar quejándose de forma silenciosa, aceptando su propia muerte.

Ysera La Duermiente se despertó sobresaltada. La Madre Tierra le exigía una cura.

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Ysera, La Durmiente

La Dragona no entendía muy bien qué podía hacer, aunque aún conservaba sus poderes y su inmortalidad los sentía abandonarla con rapidez. Sabía que si no hacía algo pronto perdería sus poderes junto con la posibilidad de hacer algo para solucionar la situación delicada en la que se encontraba, y el mundo entonces moriría sin remedio. Reunió así a los aspectos que quedaban vivos. Uniendo sus poderes deberían ir en búsqueda de la magia para traerla de vuelta.

Nozdormu, Alexstrasza e Ysera se reunieron en en un lugar llamado Cuevas del Reflejo, una creación de Ysera que conformaba un portal cerrado entre El Sueño Esmeralda y Azeroth; y que había creado concretamente para esta reunión. Malygos había muerto y de Neltharion creían lo mismo, así que ellos tres eran quien cargaban sobre sus hombros el peso de salvar Azeroth.

Nozdormu decía ver un futuro, que acabaría con el mundo marchitándose, y que ellos no eran quienes para cambiarlo; Alexstrasza opinaba que las criaturas vivas merecían recuperar el control del mundo, y no perecer con él; Ysera se encontraba tan apenada que no era capaz de hilar una solución coherente. Durante meses mantuvieron un largo intercambio de opiniones en el que no consiguieron llegar a un acuerdo. Cada cual miraba por sus intereses propios y sin embargo veían que con cada palabra mermaban sus poderes y eran menos capaces de ayudar al mundo.

Todo siguió así hasta que un joven gnomo consiguió entrar a las Cuevas del Reflejo. Aunque en un principio ninguno de ellos entendió cómo había cruzado un mortal hasta las Cuevas, la visión de la sombra del gnomo les dio las respuestas. El gnomo era Edalian, uno de los hijos mayores de Malygos que se avergonzaba de los actos cometidos por su padre y su hermano. Edalian hizo a los aspectos una proposición que no podrían rechazar, aunque tendría un precio muy grande.

Los tres aspectos deberían ceder su inmortalidad y el resto de sus poderes para hacer un artefacto de extremo poder que les permitirían volar por el universo en búsqueda de los Titanes, ya que en ellos estaba la solución a sus problemas. El precio que debían pagar era muy alto, su inmortalidad, sus poderes y el abandono de sus funciones, y sin embargo sabrían que sería recompensado; Los titanes les devolverían los poderes que con el tiempo habían perdido y solucionarían los problemas del mundo, todos ellos se morían de ganas por reencontrarse con sus creadores.

Tras discutirlo entre ellos decidieron aceptar la propuesta, el dragón conocía el hechizo y ellos le darían el poder necesario para hacerlo funcionar, pero aún había algo que hacer. Deberían asegurarse de que ese dragón no pudiera realizar ningún acto para aprovecharse de la ausencia de los aspectos. Ysera mandó llamar a Nombre, quien era el [Inserte aquí lo que era]. Un mortal debía ser el secretario que redactase y fuese testigo de la firma del contrato mágico donde se estipularía que no podría ser desvelada a nadie la misión de los aspectos ni la existencia de esa reunión. Todos los dragones, aspectos o no, debían firmarlo. De esa forma protegerían su misión.

La ida de los Aspectos y el Poder de Nombre

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